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Crepúsculo, el fenómeno
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Amigos y amigas. Sobretodo amigas. Quiero confesaros algo: he pecado. He mordido la manzana, esa del pecado original.
Esa de la portada del libro que se ve en todos los vagones de metro, que es devorado por analfabetas que hasta el día de hoy no habían leído más que la Vale o la Bravo. He sentido curiosidad. Y he cometido la inmensa gilipollez de ver ese pedazo de mega de truño llamado Crepúsculo.
Durante las cuatro horas que dura la película (se supone que dura dos, pero no me lo consigo creer), me he esforzado en tratar de ver qué cojones tiene para tener a tanta niñata enganchada, tanta tía suspirando cada vez que ven un anuncio, o se nombra el título de esta bosta infame.Bien, en primer lugar, se supone que se trata de una película de vampiros. A ver, repasemos, queridas adolescentes chorreantes:
Los vampiros, según la creencia popular, son seres con colmillos que se alimentan de sangre y mueren al ser irradiados por la luz del sol.
Pues ya no. Stephanie Meyer ha redefinido el mito:
Vampiro: Atractivo pijo vestido de Armani, con una impecable sonrisa Profident, que brilla bajo la luz del sol como si estuviera hecho de purpurina, y que... ¿bebe sangre?
De lo de la sangre no estoy muy segura, ya que no se ve una puta gota de sangre en toda la película. Esto no sería tan grave en otras circunstancias, es decir, un mito puede ser reescrito o modificado. La cuestión es ¿para qué? Analicemos este gran fenómeno adolescente, la biblia de amor y la vida y las vicisitudes de cualquier adolescente con la cabeza llena de serrín y la entrepierna a una temperatura tan alta, que serviría para poner a calentar una tetera para el té. Calentad el té, nenas. Vamos a analizar... cháaaaaaaaaaaaaaaaaan:

¡¡¡CREPÚSCULO, TÍA, JOOOOOOO QUE FUERTEEEEEEEEEEEEEEEE!!! ¡¡¡QUE BONITA, TÍA, JOPÉ, SE ME HACE EL COÑO COCA-COLA!!!
Ay, que sofoco.
Isabella Swan (solo Bella, dice ella cuando la llaman por su nombre completo, que se note que es una adolescente inconformista y aún en busca de su personalidad definitiva), una adolescente con cara de haberse fumado veinte petas/ser más tonta que un bocao en la polla, se va de Arizona, para ir a vivir a un pueblucho en las montañas con su padre. La relación padre-hija no es fácil, ya que ella es una completa retrasada mental, y él abre la boca tres veces en toda la película. Muy profundo y costumbrista, ilustra perfectamente la compleja relación entre los padres y los adolecentes que.. ZZzzZZZzz... Allí, Bella, que es la alegría de la huerta, encaja perfectamente en su insti (esto ilustra el hecho de que, no siempre es fácil para los adolescentes integrarse en un grupo nuevo y un lugar nuevo, y que el hecho de que los padres estén separados influye en.. ZZzZZzzzzz....), se hace amiga de un chaval indio que vive en una reserva (aquí se trata el tema de la integración de las minorías étnicas en la sociedad yanki y ZZzzzzZZZz...), y todo eso. Le regalan una furgoneta la mar de molona (en realidad es una tartana de mierda), y todo ese rollo yanki-pueblerino-superchachi. Los amigos del insti son unos segundones sin el menor interés. A destacar el chaval asiático acollejeable que le dice "Tranquila, Bella, eres mi protegida" (¿¿¿???). Cuando profundizan bastante en el papel de Bella, y dejan claro que es una tontaina, físicamente del montón, y que no tiene más gracia que... en fin, que no tiene nada especial, aparecen los hermanos Cullen.
Hostiaputa.
"Eehhh...Uhhh...¿Quienes son esos?" Pregunta Bella, con su elocuencia habitual.
"Son los Cullen, tiaaaaaa... y ese es Edward, tiaaaaaa... es muy guapo, salta a la vista, tiaaaaa... Pero olvídale, no somos lo bastante buenas para él.". Responde una segundona, cuyo papel es decir eso. Y ya.
Entonces, a cámara lenta, aparecen cinco pijos. El tiempo se detiene.El público orgasma. En la sala de cine, suena el pop-pop del maíz de las palomitas que aún no había estallado, debido a la temperatura. Un desmayo. Llamad al sámur. De los cinco, cuatro están emparejados entre sí. Menos uno, el alma solitaria: Edward. Pálido. Con siete kilos de gomina y evidenciando una larga sesión de peluquería. Los labios perfilados.
Y bueno. El caso es que Bella y Edward coinciden en una clase, biología, donde un profe molón promete regalar una cebolla teñida de dorado a quien haga mejor la práctica del día (¿¿¿???). Al principio, cuando Bella aparece, Edward se tapa la nariz como si Bella apestase. Y ella, que es una adolescente inconformista, valiente y luchadora, le planta cara.
Ahí empieza un culebrón rarísimo. Ella le persigue, pero él la rechaza (aquí tratamos el tema del dolor amoroso de la pubertad, el miedo al rechazo que sufren los teenagers en su carnes y ZZzzZZzzz...) Y cuando Bella empieza a pensar que él pasa de su culo y que se va a tener que ir al BAILE DE GRADUACIÓN (¿acaso dudábais que iba a haber uno? Esto es EE.UU, por diox, de qué guindo os habeis caído) con el chino supersonriente, resulta que no. Que hay algo raro. Algo sobrenatural. Algo superhormonado y calentón, enmascarado bajo la piel fría de Edward. Y Bella, que es una chica de hoy en día y conocedora de los nuevas tesnologías, busca "vampiro" en google y aparece la foto de Edward, y ella dice "jo, tía, que fuerte". En realidad no es lo que pasa, en realidad con lo del google no le basta, se tiene que ir a una librería especializada y consultar un par de libros, recibir un par de amenazas de Edward, ser salvada por él de un grupo de violadores, ser salvada por él de que un negrata la atropelle (Edward se mete entre el coche y ella a velocidad luz, y nadie se da cuenta de nada), que él le diga lo mucho que le gusta beber sangre, y mil historias más para decir:
"Venga ya tío, tu no eres un vampiro. Que yo he leído a Anne Rice y los vampiros no son así, cuéntame otra.".
No, mentira, eso tampoco es lo que pasa. La escena en la que ella se da cuenta de que es un vampiro es en medio de un bosque, muy bucólico e ideal. Él le dice "soy un depredador, nena, no puedes huír de mí, aléjate o te mataré, quiero tu sangre, oh, qué alma torturada soy, te deseo, pero no puedo acercarme a tí".
"¿Eh?" Responde Bella, con su careto impertérrito.
Él tira un par de árboles, se rasga las vestiduras, se teletransporta.
"Ehhhhhh..." Continúa Bella.
Hasta que al fin, él la coge por la cintura y dice algo como " A ver tía, venga, dí lo que soy."
"Uhhh..." Responde ella.
"Venga, yo te ayudo. Soy un vampi..."
"¿...ro?"
Resulta que Edward puede leer la mente. Es decir, sabe lo que piensa todo el mundo, menos Bella, no puede oír sus pensamientos. Esto es, obviamente, porque Bella no piensa, pero el chaval no cae en la cuenta de eso. Y se besan. Ahí empieza una absurda secuencia de momentos felices romanticote a lo videoclip con música de mierda: Él se quita la camisa a la luz del sol, y su torso brilla, ¡brilla! Como un travesti lleno de lentejuelas. Como un bocata envuelto el papel albal bajo la luz directa del sol. Y Bella susurra "Eres hermoso". (Translation: Me ha tocado el gordo, ¡jo-der!)
Alguien, en la sala de cine, busca a tientas un extintor, por si acaso.
Ella va a casa de Edward, que por cierto es de esas rollete Bauhaus en medio del bosque con las paredes de metacrilato transparente. Toma ya. Una casa de vampiros con paredes de metacrilato transparente, para que entre bien la luz. Nos cargamos el mito, y encima con recochineo. En casa de Edward, conoce a los padres, a la hermana borde, a la hermana maja, y... todo esto da completamente igual, los personajes secundarios están tan poco desarrollados que da exactamente lo mismo quien salga. Y todo el insti se muere de envidia. " aiiiiiii dios miooo k enamoraita me tiene este personajeeee. yo kiero un hombre asiii!! k bonito..." (Aquí destacamos el aprendizaje adolecente de la posición social, de la imagen pública, y de la importancia que tiene tener un noviete guaperas con coche molón y abrigo de Dolce y Gabbana para que las putahs de tus amigas se mueran de envidia, y que el tontolaba que estaba pirradito por tus huesos se te quede mirando con cara de haba y sufra en silencio, como las hemorroides.) Edward toca el piano. Ambos vuelan por el bosque, ella sobre sus hombros. Se dan un revolcón (TIAAAAAAAAAAAAA QUER FUEEEEERRRRTEEE), pero en el clímax el la empuja para controlar su ansias de sangre. Oh. Mi amor. Oh, mi Bella. Ñuñuñu-ñañaña.
Y luego, ¿qué pasa? ¿Cual es el nudo de esa tremenda historia, tan humana y romántica (término prostituído a más no poder por este tipo de pasteladas)?
Pues no hay nudo. Entre momento ñoño y chuminadas varias que carecen de toda cohesión o relevancia, a los vampirazos ultrasexis se les ocurre ir a jugar al béisbol. Bella hace de árbitro, y mientras, los otros rebotan por los árboles. Y en medio del partido, aparecen otros tres vampiros. Una parece Norma Duval, otro es un rastafari madafakah, y el tercero es un guapetón con cara de ser malo. Oh, si, muy malo.
“Hola, pasábamos por aquí”
“Ya.”
“Bueno, mejor nos vamos.”
“Sí, mejor”
“Vale, pues nada… ohhh… una humana, voy a comérmela…”
Horror. Las adolescentes se llevan las manos a la cabeza. Oh, no. El guapito con cara de malote quiere devorar a Bella. (Aquí analizamos la rivalidad entre jóvenes, algo muy típico entre adolescentes de mismo sexo que… ZZzZZZzz…)
Y ya la cosa se desmadra. Edward llora y se altera y se lleva a Bella. Hay una persecución. Lágrimas. Llantos. Muy emotivo. El vampiro malote la rapta. Edward y su familia la salvan. El vampiro malote quería convertir a Bella en vampiro, Edward lo evita evitando la tentación de chupar la sangre que mana del cuerpo de Bella, bueno, la chupa un poco, pero no la mata.
Ella se cura. Van al baile de graduación. Todo perfecto, todo ok. Fin. ¿Qué menudo coñazo? No tenéis ni idea.
Como veis, el argumento puede resumirse en una frase que dice Bella, en un momento de lucidez que te cagas y parándose a analizar la situación. El argumento es este:
“Estoy segura de tres cosas: Edward es un vampiro, se muere por beber mi sangre y estoy perdidamente enamorada de él”.
Ay, que sofoco.
Isabella Swan (solo Bella, dice ella cuando la llaman por su nombre completo, que se note que es una adolescente inconformista y aún en busca de su personalidad definitiva), una adolescente con cara de haberse fumado veinte petas/ser más tonta que un bocao en la polla, se va de Arizona, para ir a vivir a un pueblucho en las montañas con su padre. La relación padre-hija no es fácil, ya que ella es una completa retrasada mental, y él abre la boca tres veces en toda la película. Muy profundo y costumbrista, ilustra perfectamente la compleja relación entre los padres y los adolecentes que.. ZZzzZZZzz... Allí, Bella, que es la alegría de la huerta, encaja perfectamente en su insti (esto ilustra el hecho de que, no siempre es fácil para los adolescentes integrarse en un grupo nuevo y un lugar nuevo, y que el hecho de que los padres estén separados influye en.. ZZzZZzzzzz....), se hace amiga de un chaval indio que vive en una reserva (aquí se trata el tema de la integración de las minorías étnicas en la sociedad yanki y ZZzzzzZZZz...), y todo eso. Le regalan una furgoneta la mar de molona (en realidad es una tartana de mierda), y todo ese rollo yanki-pueblerino-superchachi. Los amigos del insti son unos segundones sin el menor interés. A destacar el chaval asiático acollejeable que le dice "Tranquila, Bella, eres mi protegida" (¿¿¿???). Cuando profundizan bastante en el papel de Bella, y dejan claro que es una tontaina, físicamente del montón, y que no tiene más gracia que... en fin, que no tiene nada especial, aparecen los hermanos Cullen.
Hostiaputa.
"Eehhh...Uhhh...¿Quienes son esos?" Pregunta Bella, con su elocuencia habitual.
"Son los Cullen, tiaaaaaa... y ese es Edward, tiaaaaaa... es muy guapo, salta a la vista, tiaaaaa... Pero olvídale, no somos lo bastante buenas para él.". Responde una segundona, cuyo papel es decir eso. Y ya.
Entonces, a cámara lenta, aparecen cinco pijos. El tiempo se detiene.El público orgasma. En la sala de cine, suena el pop-pop del maíz de las palomitas que aún no había estallado, debido a la temperatura. Un desmayo. Llamad al sámur. De los cinco, cuatro están emparejados entre sí. Menos uno, el alma solitaria: Edward. Pálido. Con siete kilos de gomina y evidenciando una larga sesión de peluquería. Los labios perfilados.
Y bueno. El caso es que Bella y Edward coinciden en una clase, biología, donde un profe molón promete regalar una cebolla teñida de dorado a quien haga mejor la práctica del día (¿¿¿???). Al principio, cuando Bella aparece, Edward se tapa la nariz como si Bella apestase. Y ella, que es una adolescente inconformista, valiente y luchadora, le planta cara.
Ahí empieza un culebrón rarísimo. Ella le persigue, pero él la rechaza (aquí tratamos el tema del dolor amoroso de la pubertad, el miedo al rechazo que sufren los teenagers en su carnes y ZZzzZZzzz...) Y cuando Bella empieza a pensar que él pasa de su culo y que se va a tener que ir al BAILE DE GRADUACIÓN (¿acaso dudábais que iba a haber uno? Esto es EE.UU, por diox, de qué guindo os habeis caído) con el chino supersonriente, resulta que no. Que hay algo raro. Algo sobrenatural. Algo superhormonado y calentón, enmascarado bajo la piel fría de Edward. Y Bella, que es una chica de hoy en día y conocedora de los nuevas tesnologías, busca "vampiro" en google y aparece la foto de Edward, y ella dice "jo, tía, que fuerte". En realidad no es lo que pasa, en realidad con lo del google no le basta, se tiene que ir a una librería especializada y consultar un par de libros, recibir un par de amenazas de Edward, ser salvada por él de un grupo de violadores, ser salvada por él de que un negrata la atropelle (Edward se mete entre el coche y ella a velocidad luz, y nadie se da cuenta de nada), que él le diga lo mucho que le gusta beber sangre, y mil historias más para decir:
"Venga ya tío, tu no eres un vampiro. Que yo he leído a Anne Rice y los vampiros no son así, cuéntame otra.".
No, mentira, eso tampoco es lo que pasa. La escena en la que ella se da cuenta de que es un vampiro es en medio de un bosque, muy bucólico e ideal. Él le dice "soy un depredador, nena, no puedes huír de mí, aléjate o te mataré, quiero tu sangre, oh, qué alma torturada soy, te deseo, pero no puedo acercarme a tí".
"¿Eh?" Responde Bella, con su careto impertérrito.
Él tira un par de árboles, se rasga las vestiduras, se teletransporta.
"Ehhhhhh..." Continúa Bella.
Hasta que al fin, él la coge por la cintura y dice algo como " A ver tía, venga, dí lo que soy."
"Uhhh..." Responde ella.
"Venga, yo te ayudo. Soy un vampi..."
"¿...ro?"
Resulta que Edward puede leer la mente. Es decir, sabe lo que piensa todo el mundo, menos Bella, no puede oír sus pensamientos. Esto es, obviamente, porque Bella no piensa, pero el chaval no cae en la cuenta de eso. Y se besan. Ahí empieza una absurda secuencia de momentos felices romanticote a lo videoclip con música de mierda: Él se quita la camisa a la luz del sol, y su torso brilla, ¡brilla! Como un travesti lleno de lentejuelas. Como un bocata envuelto el papel albal bajo la luz directa del sol. Y Bella susurra "Eres hermoso". (Translation: Me ha tocado el gordo, ¡jo-der!)
Alguien, en la sala de cine, busca a tientas un extintor, por si acaso.
Ella va a casa de Edward, que por cierto es de esas rollete Bauhaus en medio del bosque con las paredes de metacrilato transparente. Toma ya. Una casa de vampiros con paredes de metacrilato transparente, para que entre bien la luz. Nos cargamos el mito, y encima con recochineo. En casa de Edward, conoce a los padres, a la hermana borde, a la hermana maja, y... todo esto da completamente igual, los personajes secundarios están tan poco desarrollados que da exactamente lo mismo quien salga. Y todo el insti se muere de envidia. " aiiiiiii dios miooo k enamoraita me tiene este personajeeee. yo kiero un hombre asiii!! k bonito..." (Aquí destacamos el aprendizaje adolecente de la posición social, de la imagen pública, y de la importancia que tiene tener un noviete guaperas con coche molón y abrigo de Dolce y Gabbana para que las putahs de tus amigas se mueran de envidia, y que el tontolaba que estaba pirradito por tus huesos se te quede mirando con cara de haba y sufra en silencio, como las hemorroides.) Edward toca el piano. Ambos vuelan por el bosque, ella sobre sus hombros. Se dan un revolcón (TIAAAAAAAAAAAAA QUER FUEEEEERRRRTEEE), pero en el clímax el la empuja para controlar su ansias de sangre. Oh. Mi amor. Oh, mi Bella. Ñuñuñu-ñañaña.
Y luego, ¿qué pasa? ¿Cual es el nudo de esa tremenda historia, tan humana y romántica (término prostituído a más no poder por este tipo de pasteladas)?
Pues no hay nudo. Entre momento ñoño y chuminadas varias que carecen de toda cohesión o relevancia, a los vampirazos ultrasexis se les ocurre ir a jugar al béisbol. Bella hace de árbitro, y mientras, los otros rebotan por los árboles. Y en medio del partido, aparecen otros tres vampiros. Una parece Norma Duval, otro es un rastafari madafakah, y el tercero es un guapetón con cara de ser malo. Oh, si, muy malo.
“Hola, pasábamos por aquí”
“Ya.”
“Bueno, mejor nos vamos.”
“Sí, mejor”
“Vale, pues nada… ohhh… una humana, voy a comérmela…”
Horror. Las adolescentes se llevan las manos a la cabeza. Oh, no. El guapito con cara de malote quiere devorar a Bella. (Aquí analizamos la rivalidad entre jóvenes, algo muy típico entre adolescentes de mismo sexo que… ZZzZZZzz…)
Y ya la cosa se desmadra. Edward llora y se altera y se lleva a Bella. Hay una persecución. Lágrimas. Llantos. Muy emotivo. El vampiro malote la rapta. Edward y su familia la salvan. El vampiro malote quería convertir a Bella en vampiro, Edward lo evita evitando la tentación de chupar la sangre que mana del cuerpo de Bella, bueno, la chupa un poco, pero no la mata.
Ella se cura. Van al baile de graduación. Todo perfecto, todo ok. Fin. ¿Qué menudo coñazo? No tenéis ni idea.
Como veis, el argumento puede resumirse en una frase que dice Bella, en un momento de lucidez que te cagas y parándose a analizar la situación. El argumento es este:
“Estoy segura de tres cosas: Edward es un vampiro, se muere por beber mi sangre y estoy perdidamente enamorada de él”.

Fuck yeah, voy a llorar. Pues yo estoy segura de cuatro:
- Si dicen que la industria del cine se esta yendo a la mierda, sinceramente, VALE. Esta película tiene un presupuesto de 37 millones de dólares. Y es que encima, los efectos especiales son tan truñiles como el argumento. Los hombres lobo metrosexuales de la segunda entrega (temblad, niñas superhormonadas) parecen hechos con plastidecor. Si el dinero de la industria se va en mierdas como esta, sinceramente, espero ansiosa el colapso económico.
- Niñas: Si lo que os gusta es ver al yogurín este no-actuando (cada actuación es peor que la anterior), os daré un consejo: leed un libro que no sea este gigantesco tocho que más valdría ser usado de papel higiénico, hay libros mejores. Este insulta a vuestra inteligencia. Ved otro tipo de cine. Pero si lo que queréis es poneros burras con el carapan este, hay… digamos, otros métodos. No hace falta que os diga que género de cine es el que no tiene otro fin que suscitar orgasmos, ¿verdad? Pues este es igual, solo que encima tiene pretensiones de vete a saber qué.
- La especie humana va hacia el colapso. Cre-Pus-Culo en edición de bolsillo y en cada bolsillo, Disney Channel en la TDT, el gobierno recortando el gasto en educación. Las niñas cada vez serán más como Bella.
- Stephanie Meyer es el anticristo.
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